4.12.09

...la mato y aparece una mayor...

Capitulo 1
...para tanto una palabra


Ese día llovía… El silencio de las gotas de lluvia al caer contra el suelo me produjo un tipo de amnesia. No sabia por qué razón estaba ahí, ni por qué sentía este horrible escalofrío que recorría todo mi cuerpo, ni por qué sentía un sabor amargo en el aire. No sabía que estaba pasando. Hoy necesito estar sentada desde aquí para verte mejor cuando entres por esa puerta, cuando con esa risa apagada y muerta saludes primero a quien quiera que este cerca de ti, y después a los demás, pero a mi no. Siempre olvidas que existo, que estoy esperándote todo el tiempo, que vivo por ti, que yo soy la que te anhela y te quiere más –me lo dije a mi misma como si… se lo estuviera diciendo a él. ¡Qué patética! –me respondí a mi misma. El escalofrío persistía. El sabor amargo en el aire se hacia cada vez más pesado. Alguien entró por esa puerta. No era a quien yo esperaba. Entró más gente. Y aún no habías llegado. Me había resignado a que hoy no ibas a llegar, pero llegaste. Sin embargo no habías llegado solo, habías llegado con una significativa tristeza en tu mirada. No entendía por qué. Tampoco te iba a preguntar. No me interesaba. La vida de las otras personas no me interesaba. Solo me interesaba lo que quisieran compartir. Pero la curiosidad ese día fue más grande de lo que había sido en días anteriores. Quería saber más acerca de ti. Acerca de tu soledad. Acerca de tu tristeza, de tu vida. Me acerque a ti. Tú parecías estar tan solitario aunque estuvieras rodeado de personas. Me miraste y retrocedí. Nunca había visto esa mirada en mi vida. Me miraste directamente a los ojos desentrañando mis pensamientos, mis sentimientos, mi vida. Me sentí desnuda frente a ti. Quería abandonar mi misión. Pero la curiosidad ese día fue más grande de lo que había sido en días anteriores. Me acerque más a ti. Volviste a mirarme pero de otra manera. Esta vez me sentí abrigada. No sé si fue porque cuando me miraste viste algo en mí que te llamó la atención o porque tenías la necesidad de escuchar qué tenia que decir. ¡Te siento diferente! –te dije preocupada. Tú no respondiste. ¿Por qué no respondes? –te pregunté. Tú no respondiste. Con razón te ves tan solo –te susurré con enojo. Me miraste. Y luego escribiste en un trozo de papel: “¡El silencio es más placentero que el habla!”. ¿Qué tratas de decir? –te pregunté en voz baja. Tú escribiste de nuevo en el papel. “¿Sabias que la mayoría de gente presente en esta aula, en este curso, calla lo esencial de las palabras? …el silencio” –escribió. No me has respondido la pregunta que te hice. Y por favor no necesito que me hables en sentido figurado, ya que no entiendo el doble sentido de las palabras –te escribí en el papel que tú antes había usado para escribirme aquello tan anormal. “¡Tú! No sabes qué es tratar… ser una persona normal cuando lo que tú piensas que eres es solo un sueño… amar” –escribiste en una forma extraña. Tú no habías cambiado la expresión de tu cara. La tristeza se te notaba en los ojos. La tensión de tu sonrisa se hizo más notoria al punto de parecer que estabas a punto de llorar. ¡¿Estás bien?! Silenciaste mis palabras con un no. La tensión entre nuestras miradas… La tristeza se desvaneció en un segundo de tus ojos. No sabía que estaba ocurriendo. Tu cara se tensó de una forma no antes vista por mis ojos. Tu silencio se transformo en una débil, pero caliente lágrima. Te vi vulnerable, pero hermoso. Las gotas de lluvia golpeaban los grandes ventanales de esa aula mientras que la lluvia de palabras mal vociferadas llenaba el estanque de cerebros en desarrollo. Tú y yo éramos los únicos que no pertenecíamos a esa legión de cerebros, a ese ruido. El tiempo avanzaba lentamente y tus ojos movidos por un extraño sentimiento me siguieron a mí. Tus labios me buscaron silenciosamente en la oscuridad de tu lágrima.

El miedo que alguna vez sentí en una vida pasada

Había una persona que se acercaba cada vez más rápido a donde yo yacía, un terror desgarrador se fue introduciendo en mis huesos, el titiritar de mis dientes que era producto del frio que por ese momento sentí desviaba la atención de mi mente… Mi cuerpo inmóvil e inútil yacía sobre la cama… Estaba atada a la impotencia de mi mente para reaccionar… El hombre se acercaba oscuramente por un costado de la cama. Cuando estuvo cerca de mi cuerpo vi su cara y me percate de que no tenía alguna. Grité, pero fue inútil. El miedo que sentía me aniquilaba lentamente envenenándome cuando de repente y por primera vez en mi vida nací del miedo rasgando el cuerpo inútil y pútrido que yacía sobre la cama. Y la persona que se acercaba a mi esperaba mi suave mano, ésa que abrió el capullo, para caminar lejos de este cuerpo, de este camino invisible, de esta vida mia.